
Cómo empieza un brote de Esclerosis Múltiple
Si convives con Esclerosis Múltiple, entender cómo comienza un brote puede marcar la diferencia entre actuar a tiempo o dejar que los síntomas se intensifiquen. Un brote no siempre llega con señales evidentes, y muchas personas tardan en reconocerlo porque los síntomas pueden ser sutiles al principio. En nuestra experiencia
acompañando casos de Esclerosis Múltiple en Élize Neurorrehabilitación, vemos con frecuencia que el principal temor cuando aparece un síntoma nuevo es no saber si se trata de un brote real, de un empeoramiento temporal o simplemente de un «mal día». Este artículo te ayudará a identificar las señales de inicio, a distinguir entre un brote verdadero y otros episodios, y a saber cuándo pedir ayuda.
Qué es un brote de Esclerosis Múltiple
Un brote (también llamado recaída, brote agudo o exacerbación) es la aparición de nuevos síntomas neurológicos o el empeoramiento de los ya existentes, con una duración mínima de 24 horas y en ausencia de fiebre o proceso infeccioso activo. Su origen radica en un foco de inflamación aguda en el sistema nervioso central que causa la desmielinización transitoria o daño en la cubierta protectora de las fibras nerviosas (la mielina). Al verse alterada la vaina de mielina, la conducción de los impulsos eléctricos se ralentiza, frena o interrumpe, originando la clínica neurológica.
Este patrón es típico de la Esclerosis Múltiple Recurrente-Remitente, la forma más frecuente de la enfermedad, que representa aproximadamente el 85% de los casos. En esta forma, los brotes se alternan con periodos de remisión en los que la situación se estabiliza o incluso mejora.
Primeras señales: cómo suele empezar un brote
El inicio de un brote puede ser brusco, en cuestión de horas, o gradual, desarrollándose durante varios días. Las manifestaciones iniciales varían mucho de una persona a otra, pero es habitual que aparezcan algunas de estas sensaciones:
- Alteraciones visuales: visión borrosa, pérdida de visión en un ojo, visión doble o dolor al mover los ojos. Muchas veces esto es lo primero que aparece.
- Hormigueo o entumecimiento: sensación de «pinchazos», adormecimiento en manos, pies, brazos, piernas o cara. Puede ser muy leve al principio.
- Debilidad muscular: falta de fuerza que se traduce en dificultad para mover una o varias extremidades.
- Problemas de equilibrio y coordinación: inestabilidad al andar, torpeza inusual…
- Fatiga intensa y repentina: un cansancio desproporcionado que no mejora con el descanso y que interfiere en las actividades habituales.
- Problemas urinarios o intestinales: urgencia para orinar, dificultad para vaciar la vejiga o estreñimiento.
- Alteraciones cognitivas: dificultad para concentrarse, problemas de memoria o lentitud mental que antes no estabas experimentando.
Es importante recordar que estas señales deben persistir más de 24 horas y que deben haber pasado al menos 30 días desde el último episodio para considerarlo un brote nuevo.
Cómo distinguir un brote de otros episodios
No todo empeoramiento de síntomas es un brote verdadero. En nuestra experiencia, muchas personas llegan preocupadas porque sus síntomas han empeorado, pero tras la valoración descubrimos que se trata de lo que llamamos un pseudobrote o pseudoexacerbación.
Pseudobrote: síntomas temporales sin nuevos signos de inflamación
Un pseudobrote ocurre cuando los síntomas empeoran temporalmente sin que haya nuevos signos de inflamación en el sistema nervioso. Suelen deberse a factores externos como:
- Calor o fiebre: el aumento de la temperatura corporal (por calor ambiental, ejercicio intenso, baño caliente o fiebre por infección) puede empeorar temporalmente los síntomas preexistentes. Esto se conoce como fenómeno de Uhthoff.
- Infección activa: las infecciones respiratorias, urinarias o de cualquier tipo pueden hacer que los síntomas se agudicen mientras dura la infección, pero mejoran al resolverse esta.
- Estrés: situaciones de estrés intenso o falta de sueño pueden hacer que los síntomas se intensifiquen temporalmente.
- Fatiga extrema: el agotamiento puede hacer que algunos síntomas vuelvan a notarse más.
La diferencia clave es que los pseudobrotes mejoran cuando desaparece el factor desencadenante y no dejan secuelas nuevas, mientras que un brote verdadero persiste aunque eliminemos el factor externo y puede requerir tratamiento específico.
Factores que pueden desencadenar un brote de Esclerosis Múltiple
Aunque no siempre se puede identificar un desencadenante claro, existen factores que parecen aumentar el riesgo de que aparezca un brote:
Infecciones
Según estudios presentados en el congreso ECTRIMS 2025,las infecciones no relacionadas con COVID muestran una asociación con un riesgo algo mayor de brote. Las infecciones respiratorias, urinarias o gastrointestinales pueden activar el sistema inmunitario y desencadenar una respuesta inflamatoria en el sistema nervioso central. Por eso, es fundamental tratar las infecciones de forma temprana y tomar medidas preventivas como la vacunación antigripal anual.
Estrés
Aunque la evidencia científica no es del todo concluyente, muchos expertos y personas con Esclerosis Múltiple consideran que el estrés puede ser uno de los factores que aumentan el riesgo de recaída. Aprender técnicas para su manejo (ejercicio regular, mindfulness, control de la respiración…) puede ayudar a reducir este riesgo, además de mejorar tu bienestar general.
Falta de adherencia al tratamiento
El abandono de la terapia expone al paciente a un riesgo innecesario; estudios de seguimiento clínico y registros internacionales (como MSBase o el estudio de Kister en Neurology) estiman que aproximadamente el 25% de las personas que suspenden su medicación sufren una recaída. Este riesgo es especialmente crítico y puede ser incluso mayor en fármacos de alta eficacia debido al efecto rebote.
Síntomas que indican que debes contactar con tu médico
No todos los brotes requieren tratamiento, pero es fundamental que tu equipo médico evalúe la situación. Contacta con tu neurólogo si:
- Los síntomas persisten más de 24 horas.
- Los síntomas nuevos o el empeoramiento de los existentes interfieren en tu vida diaria.
- Notas debilidad importante en brazos o piernas que limita tu movilidad.
- Experimentas problemas de visión significativos.
- Tienes dificultades para controlar esfínteres.
- Los síntomas aparecen en un contexto sin fiebre ni infección.
En Élize Neurorrehabilitación, especialistas en rehabilitación neurológica, acompañamos a personas con Esclerosis Múltiple durante estos episodios, valorando cada caso de forma individualizada y ofreciendo neurorrehabilitación adaptada para favorecer la recuperación funcional tras un brote.
Qué esperar durante un brote
La duración de un brote es variable. Lo habitual es que los síntomas alcancen su máxima intensidad en los primeros días o semanas y luego comiencen a remitir lentamente, generalmente en el transcurso de varias semanas. Algunas personas se recuperan completamente, mientras que aproximadamente la mitad de los brotes pueden dejar alguna secuela.
Durante un brote activo, es normal que te sientas más cansado/a, con menos energía y que las actividades habituales te cuesten más. Es importante respetar los tiempos de tu cuerpo, pedir ayuda si la necesitas y no forzarte en exceso. La recuperación no solo es física. El impacto emocional también es real, y sentir frustración, ansiedad o tristeza forma parte del proceso.
Tratamiento de los brotes de Esclerosis Múltiple
No todos los brotes necesitan tratamiento farmacológico. En brotes con síntomas leves o puramente sensitivos (como un hormigueo leve), el equipo médico puede optar por no pautar medicación y mantener una conducta de vigilancia, ya que la inflamación puede remitir espontáneamente de forma progresiva. Sin embargo, cuando los síntomas son más intensos o interfieren en tu capacidad funcional, el tratamiento habitual son los corticoides.
Los corticoides, generalmente metilprednisolona por vía intravenosa durante tres a cinco días, reducen el edema inflamatorio agudo y aceleran la recuperación funcional de la crisis, aunque no alteran la progresión a largo plazo ni el grado final de secuelas definitivas. Tras el tratamiento intravenoso, en algunos casos se pauta una dosis de corticoides orales.
Además del tratamiento farmacológico, la neurorrehabilitación es un pilar fundamental para recuperar la funcionalidad y minimizar las secuelas de un brote. En Élize Neurorrehabilitación, diseñamos planes personalizados que ayudan a mejorar capacidades como la movilidad, la fuerza o la resistencia y a recuperar tu autonomía en el día a día tras un brote, adaptándonos a las necesidades específicas de cada persona.
Recuperación tras un brote
Después de un brote, muchas personas necesitan un periodo de recuperación. La fisioterapia, la neuropsicología, la logopedia y la terapia ocupacional pueden ser claves para recuperar la mayor funcionalidad posible.
En nuestra experiencia, el acompañamiento durante esta fase es tan importante como el tratamiento del brote en sí. Ayudamos a las personas a recuperar la confianza en sus capacidades, a adaptar su entorno y a retomar gradualmente sus actividades, siempre respetando el ritmo de cada uno.
Progresión silenciosa: cuando la Esclerosis Múltiple avanza sin brotes
Investigaciones recientes presentadas en foros científicos internacionales como ECTRIMS han puesto el foco en la progresión independiente de la actividad de brotes (conocida por sus siglas en inglés como PIRA, Progression Independent of Relapse Activity). Esta acumulación silenciosa de discapacidad ocurre por procesos neurodegenerativos subyacentes que suceden al margen de la inflamación aguda. Por ello, mantener un seguimiento periódico en neurorrehabilitación y neurología es clave incluso cuando no hay brotes visibles.
En resumen, reconocer cómo empieza un brote de Esclerosis Múltiple te permite actuar a tiempo, consultar con tu equipo médico y recibir el tratamiento más adecuado para minimizar el impacto en tu funcionalidad y calidad de vida. Recuerda que no estás solo en este proceso: en Élize Neurorrehabilitación, con nuestra experiencia en rehabilitación neurológica, te acompañamos en cada fase, desde la identificación del brote hasta la recuperación funcional, diseñando un plan adaptado a tus necesidades.